Queer issues

1. March 2010 - 0:00

No se puede rebatir el militarismo sin rebatir la masculinidad hegemónica

  • Andreas Speck, Internacional de Resistentes a la Guerra

Al cuestionar el sistema de valores militarista y sus prácticas, que se identifican con el servicio militar, uno también se ve obligado cuestionar la visión hegemónica de la masculinidad. En Turquía, el servicio militar es un laboratorio en el que se reproduce la masculinidad. El sistema patriarcal se solidifica a través de él. Yo objeté al servicio militar porque también estoy en contra de esta masculinidad artificial, de laboratorio. La lucha contra el militarismo definido en términos heterosexistas, a través de las estructuras sexistas, encuentra su expresión fundamental en el antimilitarismo. Éste debe referirse igualmente a la libertad de orientación sexual, a la igualdad entre sexos y a la total y completa libertad.1

Halil Savda, objetor de conciencia turco, encarcelado repetidas veces por su objeción al servicio militar.

Me resulta fácil identificarme con lo que escribe Halil Savda en la cita del encabezamiento. Cuando tenía unos 13 o 14 años - y la mili aún me quedaba muy lejos -, me encantaba la tecnología, como a tantos otros chicos de esa edad. Me acuerdo incluso de que, durante unas vacaciones, fuimos a un día de puertas abiertas de la Marina y visitamos buques, helicópteros, etc. Me fascinaba esa tecnología, pero no la asociaba con tener que vestir un uniforme o formar parte de la Marina. En esa época, esas dos cosas quedaban muy separadas.

Al hacerme un poco más mayor, la posibilidad de tener que hacer la mili se fue haciendo más real. Y cada vez me costaba más imaginarme andar por ahí de uniforme, aguantando gritos y órdenes, y formando parte de un entorno exclusivamente masculino y muy machista. En ese entonces, ya me encontraba en un entorno casi exclusivamente masculino debido a mi formación como electricista y el discurso sexista y las posturas machistas me producían rechazo. Y no es que en esa época yo fuera muy antisexista, pero aquello no me iba. Y eso que allí sólo tenía que aguantarlo 8 horas al día, cinco días a la semana, por lo que la idea de tener que vivir con algo así cada hora de cada día, sin escapatoria alguna, me parecía un horror.

En ese tiempo no tenía conciencia de ser gay, pero durante los últimos cursos de la escuela ya había tenido que soportar algunos abusos de mis compañeros por no tomar parte en chistes y bravatas machistas. De nuevo, la perspectiva del servicio militar se me presentaba como algo infinitamente peor.

Por ello, cuando llegó el día, opté por la objeción de conciencia. Desde luego, mi decisión también venía motivada por ideas políticas, pero creo, que en otro plano, la profunda aversión que sentía contra ese entorno masculino seguramente fue más importante. Mi rechazo a la mili estaba profundamente ligado a las imágenes de masculinidad que asociaba con el ejército, que me producían una gran desazón.2

1. May 2000 - 0:00
Las identidades colectivas –"nosotros" como maricas, o como cualquier otro grupo –son habitualmente percibidas como formas de fortalecimiento social, ya que proporcionan un sentido de pertenencia. Pero por otro lado, por su propia existencia, las identidades colectivas crean nuevas fronteras de "dentro" y "fuera", y nuevas formas de comportamiento que limitan la libertad de ser y de hacer de las personas. De este modo, la identidad puede ir contra el fortalecimiento , e incluso puede amenazar la vida de los pueblos como muestran los ataques nacionalistas y homofóbicos. Posiblemente aquí yo esté obviamente condicionado. Considero que las identidades colectivas (ya esté, basadas en la étnia, el género o la nación) no son en ningún modo "naturales"; todas ellas son construcciones sociales. Esto no quiere decir que no existan o que no ejerzan influencia en nuestras vidas . Pero sí significa que nosotros jugamos un papel activo también en nuestra identidad colectiva, estabilizándola o deconstruyéndola.