No se puede rebatir el militarismo sin rebatir la masculinidad hegemónica
Al cuestionar el sistema de valores militarista y
sus prácticas, que se identifican con el servicio militar, uno
también se ve obligado cuestionar la visión hegemónica de la
masculinidad. En Turquía, el servicio militar es un laboratorio en
el que se reproduce la masculinidad. El sistema patriarcal se
solidifica a través de él. Yo objeté al servicio militar porque
también estoy en contra de esta masculinidad artificial, de
laboratorio. La lucha contra el militarismo definido en términos
heterosexistas, a través de las estructuras sexistas, encuentra su
expresión fundamental en el antimilitarismo. Éste debe referirse
igualmente a la libertad de orientación sexual, a la igualdad entre
sexos y a la total y completa libertad.
Halil Savda, objetor de conciencia turco, encarcelado repetidas veces por su objeción
al servicio militar.
Me
resulta fácil identificarme con lo que escribe Halil Savda en la
cita del encabezamiento. Cuando tenía unos 13 o 14 años - y
la mili aún me quedaba muy lejos -,
me encantaba la tecnología, como a tantos otros chicos de esa edad.
Me acuerdo incluso de que, durante unas vacaciones, fuimos a un día
de puertas abiertas de la Marina y visitamos buques, helicópteros,
etc. Me fascinaba esa tecnología, pero no la asociaba con tener que
vestir un uniforme o formar parte de la Marina. En esa época, esas
dos cosas quedaban muy separadas.
Al hacerme un
poco más mayor, la posibilidad de tener que hacer la mili se fue
haciendo más real. Y cada vez me costaba más imaginarme andar por
ahí de uniforme, aguantando gritos y órdenes, y formando parte de
un entorno exclusivamente masculino y muy machista. En ese entonces,
ya me encontraba en un entorno casi exclusivamente masculino debido a
mi formación como electricista y el discurso sexista y las posturas
machistas me producían rechazo. Y no es que en esa época yo fuera
muy antisexista, pero aquello no me iba. Y eso que allí sólo tenía
que aguantarlo 8 horas al día, cinco días a la semana, por lo que
la idea de tener que vivir con algo así cada hora de cada día, sin
escapatoria alguna, me parecía un horror.
En ese tiempo
no tenía conciencia de ser gay, pero durante los últimos cursos de
la escuela ya había tenido que soportar algunos abusos de mis
compañeros por no tomar parte en chistes y bravatas machistas. De
nuevo, la perspectiva del servicio militar se me presentaba como algo
infinitamente peor.
Por
ello, cuando llegó el día, opté por la objeción de conciencia.
Desde luego, mi decisión también venía motivada por ideas
políticas, pero creo, que en otro plano, la profunda aversión que
sentía contra ese entorno masculino seguramente fue más importante.
Mi rechazo a la mili estaba profundamente ligado a las imágenes de
masculinidad que asociaba con el ejército, que me producían una
gran desazón.